Negar el miedo es como negar la risa. Son necesarias obras que desconcierten al pequeño, que entiendan la niñez como un territorio de pleno derecho, que le hagan preguntarse acerca de lo que ve, que apelen a su honestidad infantil, para establecer vínculos con la realidad y generar cuestiones en su inteligencia emocional, obras que hagan pedazos la vida, para que el niño vuelva a reconstruirla para sí.

Rubén Lardín



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